El “Breve discurso sobre el futuro del diseño de interacción” de Bret Victor ofrece una mirada reveladora a la escasez de opciones actuales para la interacción entre computadoras y humanos. Victor argumenta que nuestras manos poseen un enorme rango expresivo y sensibilidad, pero nuestros dispositivos solo aceptan toques y deslizamientos, y solo proporcionan retroalimentación en forma de una pequeña vibración háptica. Argumenta convincentemente que ampliar el repertorio de E/S mediante las manos producirá interfaces más ricas y mejores:
Observa cómo sabes dónde te encuentras en el libro por la distribución del peso en cada mano y el grosor de las pilas de páginas entre tus dedos. Pasa una página y observa cómo sabrías si agarras dos páginas juntas, por cómo se separan al frotarlas.
Toma un vaso de agua. Toma un sorbo.
Observa cómo sabes cuánta agua queda, por cómo cambia el peso al inclinarlo.

Casi todos los objetos del mundo ofrecen este tipo de retroalimentación. Se da tan por sentado que normalmente ni siquiera nos damos cuenta. Tómate un momento para recoger los objetos que te rodean. Úsalos como lo harías normalmente y percibe su respuesta táctil: su textura, flexibilidad, temperatura; su distribución del peso; sus bordes, curvas y crestas; cómo reaccionan en tu mano al usarlos.
Hay una razón por la que las yemas de nuestros dedos tienen algunas de las zonas con mayor densidad de terminaciones nerviosas del cuerpo. Así es como experimentamos el mundo de cerca. Así es como nuestras herramientas nos hablan. El sentido del tacto es esencial para todo lo que los humanos hemos llamado “trabajo” durante millones de años.














