La moralidad del diseño

Cuando teníamos que escoger el tema de tesis en la licenciatura, mi amigo y compañero Emmanuel propuso diseñar un cuchillo de cazador, cuchillo de monte. Era quizas el penúltimo o último semestre, y avanzó bastante en la investigación; cuando pasamos de la materia de “seminario de tesis” a, propiamente el desarrollo de la tesis, su director de tesis le hizo saber que en la escuela se tenía una política estricta de no diseñar armas, así que tenía que dejar de lado su tema y escoger otro. Emmanuel le mostró su investigación sobre cómo ciertos ángulos, formas, etc. del cuchillo optimizan para el tipo de musculo que se quiere cortar, esto es, puedes hacer un cuchillo que sea menos eficiente para cortar carne humana que para cortar, por ejemplo, carne de oso, y que eso debería diferencia un cuchillo de cacería de un cuchillo militar. El director de tesis no se inmutó: Es un cuchillo que puede usarse como arma, y en la escuela no diseñamos armas. Punto.

Entiendo el interés de mi amigo en armas, yo sé que procede de un interes de nivel otaku en la ficción de fantasía de espadas y dragones. Le interesaba mucho diseñar una espada, un hacha de combate, efectivamente su tesis de un cuchillo de cacería fue lo más que se pudo acercar a diseñar armas sin que fuera diseño de armas. Después de todo, es un objeto utilitario. MacGyver con una navaja suiza podía salvar a toda la civilización occidental en una tarde y con una mano atada a la espalda. Pero tenemos que reconocer que las decisiones morales, saber lo que es bueno y lo que es malo, es algo que hacen las personas, no los objetos.

Vespa_militare2 foto de C. Galliani
La Vespa Antitanques. fot ode C. Galliani en https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Vespa_militare2.JPG

Si un auto puede usarse como arma (no hace mucho un terrorista arrolló a gran cantidad de turistas en una playa) ¿Deberíamos prohibir el diseño de autos? A esto se le llama “seguridad por oscuridad”, suponer que esconder el conocimiento de cómo se hace algo puede evitar que eso se haga. La realidad es otra. Como en el caso de mi amigo, la formación que tenemos como diseñadores nos capacita a investigar y resolver temas como ¿en que ángulo corta mejor el filo de un cuchillo? o ¿cuál es la mejor ergonomía de una culata para un arma automática?.

Como dice el dicho de los activistas pro-armas “Las pistolas no matan gente, la gente mata gente”. No podemos hacer oidos sordos a los alegatos morales que se derivan de los proyectos que aceptamos hacer o los temas que nos atraen. Finalmente, reflejaremos nuestra moralidad propia en el acto de elegir qué diseñar. Un diseñador cuya conviccion religiosa lo lleve a diseñar objetos que excluyan a “los infieles” está moralmente motivado de la misma forma que un diseñador que elije el campo del packaging y decide sólo proponer productos que usen fibras renovables.

La escala de valores morales se aplica, pues, en el origen de los actos humanos. Y los actos humanos son algo que tambien es suceptible del cambio. Una decisión moral del pasado puede ser cuestionada en el presente y llevarme a tomar acciones correctivas. Piensen en Joseph Rotblat, el científico que renunció al proyecto Manhattan y llegaría a recibir el premio nobel por su activismo en contra del uso de la fuerza nuclear como arma.

El diseñador industrial sabe que cualquier producto que diseñe va a estar plagado de cuestionamientos morales. ¿los materiales tienen impacto ecológico? ¿la energía que se invierte en producir miles o millones de este objeto que diseñé produce alta huella de CO2? ¿una decisión de diseño puede insultar a grupos minoritarios, promover el racismo, agrandar una brecha de desigualdad social? ¿A dónde van a parar las cosas cuando van a la basura, cuanta gente sufre los efectos de la polución como parte de un diseño de obsolecencia programada? y lo más importante de todo ¿tiene el diseñador suficiente palanca, suficiente tracción, como para hacer prevalecer su valor moral en lo que diseña?, o como las decisiones no estan en su alcance ¿acepta la distorsión de su diseño? es el famoso “siempre habrá alguien que lo haga en vez mia”.

Mi compadre Toño alguna vez contaba una historia de cómo su hermana, en La Paz B.C., entraba a  tratar de colocar sus camisetas con eslogans eco-activistas a tiendas que obviamente no  le iban a comprar. Cuando Toño trató de hacerle ver que estaba invirtiendo mucho esfuerzo en una labor obviamente inútil, su hermana le dijo que lo sabía, pero ese era el público al que había que convencer, no a los ya convencidos.

Se necesita una fibra especial, una fibra moral resistente, para no darse por vencido y reflejar siempre nuestras decisiones sobre lo bueno o lo malo en nuestros actos de diseño. Un nivel de honestidad y congruencia. Como la mayoría de los diseñadores  (y yo me incluyo) no hemos de tener ese nivel, lo menos que podemos hacer es cultivar la humildad  en el reconocimiento de nuestra debilidad y no ejercer en el papel de jueces fundamentalistas sobre las decisiones morales en el diseño de otras personas.

Y, finalmente, si creo que señalar un diseño como bueno o malo es señalar hacia nosotros mismos, es demostrar cual es nuestra escala de valores. Si podemos reconocerlo en los diseños de alguien más, deberiamos poder reconocerlo en nuestros propios proyectos. Midamos lo nuestro con la misma vara que medimos lo foráneo.